Los sillones de la RAE no llevan nombre de mujer


Escuchaba no hace mucho en la radio que la RAE sólo tiene en sus filas (y hablo de filas consciente de las connotaciones de la palabra) a 8 mujeres en un grupo de 44 personas. No me extrañó en absoluto, pero sí me hizo replantearme algunas cosas y sobre todo hacerme algunas preguntas. ¿Estamos en 2017 o vivimos aún en el siglo XIX? No voy a hacer un alegato sobre el poder de las mujeres y de, cómo nosotras, a golpe de “pico y pala”, estamos consiguiendo cambiar la historia. Pero sí quiero reivindicar el papel de aquellas mujeres literatas, filólogas, filosofas, expertas en lenguaje o académicas que hicieron de su legado un motivo para seguir peleando.

Por cierto, una noticia para el recuerdo (bendita hemeroteca digital) publicada en El País en 1978: Una mujer entrará hoy a formar parte de la Real Academia Española de la Lengua.

María Moliner. En 1946, mientras dirigía la biblioteca de una escuela pública, empezó a esbozar las primeras fichas de su diccionario. Su idea era elaborar “una herramienta total” del léxico, poniendo a disposición de quien lo usara, no sólo el significado de las palabras, sino también cómo se usaban y por qué otras podían reemplazarse. En 1966 apareció la 1ª edición de su diccionario no normativo, el primero también que me regaló mi padre: el Diccionario del Uso del Español, más conocido como Diccionario María Moliner. De él diría Gabriel García Márquez que era “el más completo, más útil, más acucioso y más divertido de la lengua castellana. (…) Viene a ser, en consecuencia, más de dos veces más largo que el de la Real Academia de la Lengua y, a mi juicio, más de dos veces mejor«.

Pese a la recomendación de grandes escritores, como Dámaso Alonso, Rafael Lapesa y Pedro Laín Entralgo, Moliner nunca estuvo en la RAE, probablemente por su condición de mujer. Ella misma lo explicaba así: «Sí, mi biografía es muy escueta en cuanto a que mi único mérito es mi diccionario. No tengo ninguna obra que se pueda añadir para hacer una larga lista que contribuya a acreditar mi entrada en la Academia (…) pero si ese diccionario lo hubiera escrito un hombre, diría: «¡Pero y ese hombre, cómo no está en la Academia!»

Tras su muerte, en 1981, el propio Delibes confirmaría lo que era un secreto a voces: “Es una lástima que por esas circunstancias especiales en que se han desenvuelto siempre los temas que rodean a la presencia de mujeres en la Academia, María Moliner no haya podido ocupar un sillón en la entidad”.

Ana María Matute. Ella sí tuvo un sitio en la RAE. Fue la primera novelista en entrar en la Real Academia Española, donde desde 1998 ocupó el sillón K. Era la tercera mujer que entraba en la institución y sería la única durante muchos años, ya que sus predecesoras, Carmen Conde y Elena Quiroga, ya habían fallecido.

Entró en la RAE después de conseguir numerosos premios e incluso ser propuesta, en 1976, para el Premio Nobel de Literatura. Estaba orgullosa de pertenecer a la Academia, pero siempre declaraba que le parecía una gran injusticia que hubiera tan pocas mujeres en la RAE y que sólo dos escritoras hubieran ganado antes que ella el Premio Cervantes.

Está considerada por la crítica literaria como «prosista de una gran capacidad de fabulación» y una experta en narrativa infantil. Para mí es también un recuerdo de mi juventud. Matute era un referente para todos los que estudiábamos Filología.

Para los curiosos rescatamos este magnífico documental emitido en el año 2013 en TVE. Imprescindibles – Ana Maria Matute: «La niña de los cabellos blancos»

Carmen Martín Gaite. La invitaron durante muchísimo tiempo a unirse a la RAE; académicos, medios… Insistían, escribía ella en alguna de sus columnas, cariñosamente. Pero la autora, una de las figuras más importantes de las letras hispánicas, con un éxito respaldado por la crítica y por el público, nunca tuvo intención de ocupar sillones. En esta entrevista, realizada justo un año antes de su muerte, parece que daba las claves:

  – Usted siempre ha sido un verso suelto, quiero decir que ha vivido y trabajado siempre a su aire. Ni grupos, ni clanes, ni corrientes. Nunca ha pertenecido a club alguno, ni siquiera quiere ser académica ¿Qué razones esgrime?

– C.M.G.: Las razones de siempre. No quiero comprometerme a nada por lo que no sienta entusiasmo, a lo que no dedique el tiempo debido. Estoy muy honrada de que quieran proponerme, pero no. “Si no hay que hacer nada”, me dicen. Pues peor. Si no hay que hacer nada, ¿Para qué voy a ir?, “Pero si ni siquiera tienes que ir” Pues peor. Prefiero no ir no siendo que no ir siendo.

Hay casos muchos más espeluznantes, como los de Emilia Pardo Bazán, que pueden verse y vivirse en el Teatro del Barrio.

Emilia (Mujeres que se atreven. Parte 1). Producciones del Barrio. 16 noviembre – 26 febrero

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¡Pasen, vean y conciénciense!

Los números no mienten. Publicaba ABC en 2014 que, en los últimos 40 años, se han incorporado 80 académicos a la RAE y, de ellos, solo nueve eran mujeres (la primera, Carmen Conde, que tomó posesión el 28 de enero de 1979 de la Silla K).

Cristina González

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